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Cazadores y cazadoras: el primer eslabón que lleva el sabor de la naturaleza a nuestras mesas

La carne de caza posee una personalidad gastronómica difícil de comparar con otras carnes. Pero antes de llegar al plato existe un recorrido que comienza en el monte y en el que intervienen diferentes personas y profesionales. Entre ellos, los cazadores/as constituyen el primer eslabón de una cadena que permite que esta materia prima pueda llegar posteriormente a nuestras cocinas.

Cuando hablamos de carne de caza solemos pensar inmediatamente en gastronomía. Pensamos en ciervo, jabalí, guisos, asados, brasas o en las nuevas interpretaciones que muchos cocineros realizan de un producto tradicional que ofrece enormes posibilidades en la cocina contemporánea.

Sin embargo, detrás de cada uno de esos platos existe una historia que empieza mucho antes.

Empieza en la naturaleza.

El monte es el origen de una materia prima singular, vinculada directamente al territorio y a las especies que viven en él. Y en ese origen existe un colectivo al que queremos hacer un reconocimiento especial: los cazadores y cazadoras

Sin su participación no sería posible acceder a esta carne y comenzar el recorrido que posteriormente permite incorporarla a la cadena alimentaria.

A partir de ese momento intervienen otros profesionales y procesos imprescindibles para transformar ese producto de origen silvestre en un alimento que pueda llegar a restaurantes, establecimientos especializados y hogares con las garantías necesarias.

Ahí es donde Lantxaga desempeña su papel.

Nuestro trabajo consiste en acercar la carne de caza a profesionales y consumidores, prestando especial atención a aspectos esenciales como la trazabilidad, la calidad y el control sanitario.

De esta forma, aquella materia prima cuyo recorrido comenzó en plena naturaleza puede terminar convertida en el ingrediente principal de una propuesta gastronómica.

Una carne con carácter propio

Una de las grandes virtudes de la carne de caza es precisamente su personalidad.

Ciervo, jabalí y otras especies ofrecen al cocinero sabores y texturas con los que desarrollar recetas muy diferentes. Desde la cocina tradicional, que históricamente ha sabido aprovechar estas carnes, hasta una gastronomía contemporánea que encuentra en ellas un territorio especialmente interesante para experimentar.

Brasas, guisos, fondos, hamburguesas, embutidos, patés o elaboraciones de alta cocina demuestran que hablar de carne de caza no significa hablar de una única forma de cocinar.

Significa hablar de posibilidades.

Del territorio al restaurante

Para el profesional, conocer el origen del producto también forma parte de su valor.

Detrás de la carne que llega a una cocina existe una sucesión de personas, controles y procesos. Desde el cazador que se encuentra al comienzo de ese recorrido hasta quienes posteriormente trabajan para que el producto pueda comercializarse con las garantías correspondientes.

Lantxaga quiere servir de puente entre ese origen y la cocina.

Y hacerlo, además, durante todo el año, facilitando carne de caza y diferentes productos elaborados tanto a profesionales como a consumidores particulares.

Porque quizá la mejor manera de entender este producto sea recordar de dónde viene.

Antes del plato estuvo la vida en libertad de estos animales en el monte. Antes de la cocina la naturaleza forjó y fue el origen de esta carne excepcional

Y entre ambos existe una cadena de personas que hace posible que hoy podamos disfrutar de una materia prima extraordinaria.

Lantxaga. Carne de caza, salvajemente deliciosa.

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